Los Miedos

En estos días en los que la fiesta de Halloween, cada vez más presente en nuestro país, saca a la calle a brujas, vampiros y fantasmas hemos tenido en Myland algún caso de temor concreto y nos parecía interesante abordar el tema de los miedos..

Los miedos están siempre presentes, no solo en los niños y niñas sino también en las personas adultas y en todas las culturas. El miedo nos ha servido a lo largo de la historia como factor de adaptación, podemos decir que la especie humana ha evolucionado, en gran parte, gracias a los miedos que nos hacían alejarnos de posibles peligros (depredadores, barrancos, etc.). Hoy en día el miedo también es necesario como protección ante situaciones de peligro pero  cuando el miedo no obedece a ninguna causa real se considera un miedo desadaptativo y genera malestar a la persona que lo padece. En los niños el miedo puede generar un alto nivel de estrés y alterar su capacidad para afrontar situaciones cotidianas (ir a dormir, ir a la escuela, estar sólo, etc.).

Los miedos obedecen a un patrón evolutivo donde el objeto o situación temida va cambiando a medida que el niño evoluciona y madura. En la primera infancia, a partir de los 6 meses, los bebés pueden empezar a manifestar miedos a las alturas, a los extraños, a los ruidos fuertes. Estos tres tipos de miedo se consideran programados genéticamente y de un alto valor adaptativo. De hecho su presencia denota un cierto grado de madurez en el bebé.
A esta edad también surge la ansiedad de separación de la figura de apego.

A medida que el niño va creciendo se intensifica el miedo a la separación de sus figuras de referencia así como el temor a personas extrañas y situaciones nuevas o desconocidas. A partir de los 2 años aproximadamente se produce un desarrollo cognitivo que da lugar a una evolución de los miedos infantiles. Este salto madurativo favorece la imaginación y por lo tanto un incremento de estímulos capaces de generar miedo. En esta etapa comienzan los miedos a seres imaginarios, los monstruos, la oscuridad, personajes de ficción. Aún es difícil para el niño en esta etapa diferenciar las representaciones internas de la realidad.

A medida que el niño crece los miedos se vuelven más realistas y específicos, desapareciendo los temores pertenecientes al mundo fantástico y apareciendo temores más significativos y reales como la muerte, el daño físico (accidentes, heridas, sangre, etc.). Pueden surgir en estas edades miedos relacionados con la relación entre iguales (aceptación de los compañeros, temores a la crítica).

Para acompañar a los niños en sus miedos es esencial la cercanía, no solo física sino empática. Entender desde la base el sentimiento de miedo. En ocasiones basta con estar cerca, otras será necesario abrazar, tocar, hablar tranquilamente. En la gestión de los miedos es muy útil utilizar una de las herramientas más poderosa que posee el ser humano, la imaginación. Mediante la imaginación  podemos generar situaciones que nos ayuden a abordar el miedo desde la distancia y hacerlo así más asequible. Mediante cuentos e historias podemos escenificar la situación que genera el miedo y recrear como vamos combatiéndola poco a poco generando lo que se denomina una desensibilización sistemática.

Es importante saber que las situaciones de cambio o inestabilidad generan en los niños una sensación de inseguridad que no favorece en la gestión de los miedos.  Cuando todo está seguro a mi alrededor me siento más fuerte para combatir mis miedos.miedos-infantiles

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