PRESTAR, REGALAR E INTERCAMBIAR ENTRE IGUALES.

Los niños y niñas hasta cierta edad tienen dificultad para compartir e intercambiar. Esta es una parte normal del proceso de desarrollo. Saber y aceptar esto es importante para no forzar procesos y generar una actitud generosa real.

En la escuela es donde suelen aparecer más situaciones de socialización y es donde toma especial importancia este acto de prestar, regalar e intercambiar entre iguales.

Multitud de juegos tradicionales como los “sellos” o las “estampitas” favorecen estas relaciones de intercambio entre iguales. Hoy en día con los zoomblings o las estampas de futbol se siguen generando en las escuelas situaciones de intercambio, regalos o préstamos. Cuando en escuelas como la nuestra se mezclan grupos de diferentes edades, hay que prestar especial atención para que estas relaciones sean lo más sanas posibles.

Prestar: Prestar implica dejar a alguien una posesión propia para su disfrute solo por un tiempo. Puede ser un gesto totalmente natural y espontaneo, pero si se da en niños menores de 4 años puede llevar a conflictos. El hecho de que no tengan completamente integrado el concepto de paso del tiempo y que aún se encuentre en una etapa egocéntrica puede generar malos entendidos. Puedo darle algo a un compañero y arrepentirme justo en el momento que lo veo alejarse de mí, puedo pensar que 30 segundos es tiempo suficiente y el otro niño quedarse disgustado…Un sinfín de situaciones pueden darse en este proceso de relación entre iguales. El niño en crecimiento desarrolla apegos a las cosas, así como a las personas. Esta capacidad de formar apegos fuertes es importante para ser una persona emocionalmente sana. Algunos niños se apegan tanto a un juguete que éste acaba convirtiéndose, para ellos, en parte de yo del propio niño.

Cuando observamos situaciones de préstamo entre iguales debemos quedarnos atentos, sin intervenir, solo observando. En el caso que se produzca algún conflicto podemos actuar acogiendo a los dos niños que están aprendiendo a compartir y explicando cómo se siente cada uno. Seguramente uno de los dos (o los dos) esté frustrado y es importante acompañar esta frustración. Nunca obligaremos a los niños/as a prestar forzosamente.

Compartir:

A medida que los niños comienzan a jugar entre sí y cooperan en su juego, comienzan a ver el valor de compartir.

El verdadero compartir implica empatía, la capacidad de situarse en la mente de otra persona y ver las cosas desde su punto de vista. Los niños no son capaces de sentir una verdadera empatía antes de los seis años. No espere que un niño menor de dos o dos años y medio acepte fácilmente compartir. Los niños menores de dos años están en el juego paralelo  (jugando junto a otros niños, pero no con ellos). Se preocupan por sí mismos y sus posesiones y no piensan en lo que el otro niño quiere o siente. Pero, dada la orientación y la generosidad, el egoísta de dos años de edad puede convertirse en un generoso de tres o cuatro años de edad.

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Incluso a los cuatro o cinco años de edad se puede esperar un intercambio selectivo. Un niño puede reservar algunas posesiones preciosas sólo para sí mismo y compartir otras sin dificultad.

Intercambiar:

A la hora de intercambiar algo entre iguales debemos intervenir lo menos posible y dejar que se generen las relaciones sociales que ellos mismos han considerado. Incluso si como adulto se observa una relación ligeramente desigual debemos permitir que ambos experimenten estas sensaciones. Algunos niños desarrollan un sentido de justicia y equidad a una edad muy temprana y es mediante este tipo de juegos como se desarrollan en plenitud. Los juegos sociales de intercambio pueden funcionar como medio de relación entre iguales y son, en general, una herramienta muy interesante para este fin.

Podemos concluir, resumiendo, que no se debe intervenir en un proceso de compartir real y verdadero entre dos niños a menos que:

  • Haya una diferencia de edad significativa.
  • Uno de los dos se muestre descontento e incómodo.
  • Se sospeche de un intento de agradar o “comprar” el cariño o la amistad del otro. Los adultos no nos damos cuenta de cuánto favorecemos estas actitudes en los niños. Los “pequeños chantajes” a los que los sometemos hacen de caldo de cultivo para que sean futuros chantajeados o chantajistas. “- Si te comes la comida, te doy una chuche”, “Si te portas bien vamos al cine” …
  • Incapacidad de sostener un trato: Hay niños que madurativamente no tienen la capacidad de entender las relaciones contractuales que lleva implícita un intercambio y por lo tanto no pueden sostener un acuerdo.
  • Irreversibilidad de la acción: También son frecuentes los conflictos por no entender que el intercambio es para siempre, es decir, no reversible. En este caso se puede producir una gran tristeza por la pérdida de un objeto valorado.

 

Confiemos en el desarrollo y la autorregulación de los niños en procesos tan personales como en el compartir.

 

 

 

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